El significado número cuatro, en el contexto de los mandamientos, representa la dimensión terrenal y práctica de la ley divina. Los Diez Mandamientos, en muchas tradiciones religiosas, se dividen en dos partes: los primeros cuatro mandamientos se centran en la relación del individuo con Dios, mientras que los siguientes seis se enfocan en las interacciones humanas.
Los primeros cuatro mandamientos abordan la reverencia a Dios, la adoración exclusiva, la observancia del día de descanso y el respeto a las autoridades espirituales. Esta estructura refleja la importancia de establecer una base espiritual sólida antes de abordar las responsabilidades éticas y morales hacia los demás.
Así, el número cuatro simboliza el equilibrio entre lo divino y lo humano, proporcionando un marco para la creación de una sociedad justa y ordenada.