es una frase del Evangelio según San Juan que encapsula la encarnación de Jesucristo, un evento central en la teología cristiana. Este pasaje expresa la creencia de que el Hijo de Dios se hizo humano para redimir a la humanidad.
La encarnación no solo significa que Dios tomó forma humana, sino que también experimentó todas las facetas de la humanidad, desde el nacimiento hasta la muerte. En Jesucristo, los cristianos ven la revelación plena de Dios y su amor por la humanidad. Esta doctrina ha sido objeto de profunda reflexión teológica y ha inspirado obras de arte, música y literatura a lo largo de los siglos.
La encarnación es fundamental para entender la naturaleza divina y humana de Jesucristo, así como para comprender la relación entre Dios y la humanidad en la fe cristiana.
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